Al momento de escribir éstas líneas avanzan los debates, los seminarios y las reuniones que tienen como meta más importante encontrar puntos de unidad y de convergencia para impulsar un gran movimientos planetario que enfrente la desidia de los gobiernos y los voraces intereses de las 1318 empresas multinacionales que controlan el 60% del intercambio de todos los bienes y servicios que se realizan en el planeta. Hoy sabemos y entre otras cosas gracias a los movimientos sociales ambientalistas, que el planeta tiene límites y que los recursos naturales también. Que la teoría del crecimiento económico ad infinitum es una falacia pues los propios recursos para este crecimiento son limitados y que debemos movernos en esa dirección. Muchos problemas ligados con la crisis climática y ambiental son evidentes y las consecuencias devastadoras que un incremento de la temperatura en dos grados centígrados tendrá sobre la vida en el planeta.
Este sentido común dominante en el planeta no pone en los primeros lugares de preocupación y de la agenda pública el tema de la crisis ambiental. Pues hay que recordar que la crisis ambiental es apenas uno de los ámbitos en que se manifiesta la crisis del sistema capitalista como un todo. A la crisis ambiental que no es otra cosa que la depredación del planeta por la aplicación de un modelo voraz basado en el impulso ad infinitum del consumo que es requerido por el propio sistema para su reproducción y acumulación se suma una aguda crisis social en que cada vez son más los seres humanos que sobran para el sistema. Y ya somos 7.000 millones de seres humanos.




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